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Toda
intervención quirúrgica, tanto por la propia técnica como por el estado
de salud de cada paciente (diabetes, cardiopatías, hipertensión, anemia,
obesidad, edad avanzada, etc.) lleva implícita una serie de
complicaciones comunes y otras potencialmente más importantes que podrían
requerir tratamientos complementarios, tanto médicos como quirúrgicos,
así como, excepcionalmente, un porcentaje mínimo de mortalidad.
Existen
una serie de molestias y/o efectos secundarios más o menos frecuentes
propios del postoperatorio de la laparoscopia quirúrgica, iguales a los
producidos por la laparoscopia diagnóstica. Son:
· Dolor
de hombro.
· Hinchazón
abdominal.
· Hemorragia
vaginal leve.
Las complicaciones específicas de la
laparoscopia, son:
· Lesiones
vasculares.
· Hemorragias
con la posible necesidad de transfusión (intra o postoperatoria).
No
se puede descartar a priori que en el transcurso de la
operación programada surja la necesidad de una transfusión sanguínea, que
en todo caso, se realizaría con las garantías debidas y por el personal
cualificado para ello.
· Accidentes
eléctricos.
· Lesiones
de órganos vecinos.
Intestino
delgado, intestino grueso, vejiga, uréteres...
· Infecciones,
intra y postoperatorias.
· Enfisema
subcutáneo.
· Tromboembolismo
gaseoso.
La
mayoría de las complicaciones pueden requerir acelerar, retrasar o
suspender la intervención.
Complicaciones
severas que requieran histerectomía, colostomia o que sean causa de
fallecimiento, difícilmente suceden, pero son posibles.
Para
realizar este acto quirúrgico la paciente nos debe dar previamente a la
intervención su autorización.
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